Hay momentos en la historia de una industria que solo se entienden mirando hacia atrás. Este es uno de ellos.
En 2004, Cali tenía todo para convertirse en el epicentro de la música urbana en Colombia. El género apenas estaba tomando forma en el país, los artistas internacionales empezaban a llegar, y había un grupo de productores, periodistas, promotores y empresarios dispuestos a apostar por algo que todavía no tenía nombre claro.
Núcleo Urbano y Raphy Pina estaban en el centro de esa apuesta.
El proyecto
La alianza dio forma a un reality musical junto a Rumba Estéreo 97.5 FM y su director Carlos Holmes Mondragón. El premio no era dinero ni un contrato genérico: era ser producido por Raphy Pina, uno de los ejecutivos más influyentes de la música urbana latina en ese momento.
La respuesta fue real. Decenas de artistas emergentes se convocaron. Más de 40 fueron producidos en Dial Music, uno de los estudios más importantes del país en esa época, bajo la dirección musical de Diego Palacios. Hubo grabaciones profesionales, distribución en calle, presencia en eventos. Los artistas tenían visibilidad que antes no tenían.
El equipo que se formó alrededor del proyecto incluía gente que sabía lo que hacía: periodistas, músicos, promotores, empresarios con experiencia en los conciertos más importantes de Cali.
Para 2005, el proceso avanzaba bien. Demasiado bien para lo que vino después.
Lo que no ocurrió
Cuando llegó el momento de formalizar - contratos, acuerdos, términos de vinculación - la reunión convocada quedó casi vacía. La mayoría de los artistas no asistieron. Las diferencias nunca se discutieron. Las alternativas nunca se exploraron.
Muchos continuaron por separado, después de haber recibido producción, promoción y acompañamiento profesional.
No hubo un conflicto dramático. No hubo una decisión equivocada que se pueda señalar con claridad. Simplemente, el momento de construir algo colectivo y sostenible no encontró la voluntad suficiente del lado que más lo necesitaba.
Núcleo Urbano tomó distancia de la idea de estructurar un movimiento artístico colectivo. El proyecto siguió, pero de otra forma.
Lo que eso dejó
Cali sí fue, durante esos años, un punto de entrada importante para la música urbana en Colombia. Grandes artistas internacionales llegaron al país a través de la ciudad. El género creció. La industria se consolidó.
Pero el liderazgo que pudo haberse construido desde adentro - desde un movimiento local con estructura, con formación, con procesos - no ocurrió de esa manera.
La lección no es nueva, pero sigue siendo difícil de asimilar: el talento no es el problema. Nunca lo ha sido. El problema es construir procesos que soporten ese talento en el tiempo. Procesos profesionales, sostenibles, de largo plazo. Sin eso, el talento existe pero no acumula.
Veinte años después, Núcleo Urbano sigue trabajando exactamente en eso.
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